Rutas de viajeros

La conquista de Granada.

“Granada, tierra soñada por mi….” Así empieza, una popular canción, pero lo cierto es que Granada inspira desde hace siglos multitud de sensaciones, tanto a sus habitantes, como a sus curiosos visitantes, sin menospreciar a los que derramaron sangre y lagrimas por conquistarla o perderla.

Siempre sentí una atracción algo especial por esta provincia Andaluza, y en esta semana santa del 2005, con la mejor compañía que pudiera desear, emprendi mi visita a Granada, la conquista de Granada.


El viaje desde Barcelona no fue ni largo ni corto, tan solo un sinfín de enlaces de carreteras y autovías que mi copiloto particular me iba indicando. Encarna fue la causante que me dirigiera a la tierra de sus antepasados, en una aureola de regalo/sorpresa para mí.
Como buen viajero, hicimos noche en Murcia, en un hotel en la entrada misma de la ciudad que nos sirvió de posada para así el mismo viernes por la mañana presentarme ya en Granada y tener el tiempo a mis pies para pensar en como conquistarla.

Al nombrar Granada, una palabra se asoma casi al instante en cuando se acerca a nuestros oídos. La Alhambra. De la misma manera que la luna acompaña a las estrellas, de la misma manera que el sol acompaña al día, a Granada la acompaña la Alhambra.

Quiso la casualidad que nuestro hotel estuviera a tan solo 100 metros de la entrada del histórico recinto. Tan cerca, pero tan lejos, pues aun tuvimos que esperar 3 días para poder acceder a ella, pues la aglomeración de visitas que recibe, a hecho que estén limitadas las entradas diarias y que a la vez, se tengan que comprar con bastante antelación y mucho mas en las fechas que nos encontrábamos.

Antes de llegar al hotel y después de perdernos un buen rato por las calles de Granada, tuvimos que hacer una cola interminable para subir a la colina de la Alhambra. Como si quisiéramos de nuevo conquistarla, todos los coches que lentamente, en procesión, accedíamos al recinto, debíamos de aguantar estoicamente el sol, el calor y los mensajes de aparcacoches que “gratuitamente” y a cambio de una propina, te invitaban a dejar el coche en las calles adyacentes de la colina, y cambiar los últimos metros de subida en coche, por unos cuantos metros de subida a pie.

Nos instalamos en el hotel, lamentando que nuestra ventana no se asomase aunque fuera por un resquicio a los jardines de la Alhambra, y no tuvimos más remedio que dejar el asalto de la fortaleza, para otro momento.
Empezamos a caminar por los alrededores de la Alhambra, por el exterior de sus murallas, que nos conducían a través de empinadas calles hacia el centro de la ciudad. Un gentío enorme, colapsaba la plaza de San Cecilio, en pleno barrio del Realejo, donde se estaba desarrollando el final de una procesión, mientras por el lado contrario de la plaza, los coches encallados daban constancia de otra procesión.

Granada estaba plena, eufórica, llena a rebosar de personas, de gentes de todas partes y de un bullicio festivo en sus calles que no era el mejor indicativo de una semana de austeridad y procesión. Granada vivía, en la conmemoración de la muerte de Cristo.

Caminamos por calles y callejuelas, plazas y plazoletas, y el bullicio de la ciudad te acompañaba en cualquier lugar.

Como buen estratega, antes de emprender el asalto a la Alhambra, quise rodearla, observarla, estudiarla y para ello nos dirigimos al Albaicin, el barrio árabe de la ciudad, bordeando el rió Darro, mientras empezábamos a subir calles estrechísimas, empinadas cuestas repletas de escaleras, repletas de blanco, flores en sus ventanas y restos de suciedad en el asfalto…y siempre detrás nuestro, ella…La Alhambra.

En las casas, en muchas de ellas un nombre se repetía: Carmen, de tal o de cual, y es que una Carmen, era una casa con jardín.

Orientarse por aquel caos de calles sin la ayuda de un mapa, es para los forasteros algo difícil, aunque el truco esta en subir, siempre subir. Además no éramos los únicos que iniciábamos el mismo trayecto.

Si hay un lugar en el Albaicin especial, este es el mirador de San Nicolás.
Una pequeña plaza de suelo empedrado, con una fenomenal vista de toda la Alhambra y el Generalife. En la parte interior de la plaza, la iglesia de San Nicolás, y a 100 metros otro mirador con una mezquita en su interior. El Islam y el Catolicismo tutelados por la sombra de la Alhambra y como guardianes de todo ello, ocupando pacíficamente la plaza, más de una veintena de puestos de venta de artesanía de estética hippie. El mestizaje de formas de entender la vida en un radio tan pequeño, y en armonía. Si había que pelearse por algo, era para poder sentarse en un escalón frente a la Alhambra y recrearse allí lago tiempo dejando que los ojos de cada uno se empaparan de cada recodo de sus formas.

Estar en el sur y no contemplar una procesión, es algo que no debe hacerse, y con un poco de celeridad dejamos a los hippies para adentrarnos de nuevo por las calles del Albaicin, llenas de teterias, y de comercios que parecían transportados directamente del cercano oriente.

En una de las calles del centro de la ciudad, tomamos posesión de una esquina desde donde pudimos contemplar casi en primera fila la procesión del Cristo de los Favores.
La fe es cuestión de cada uno, pero observar el paso de una de las imágenes, con el silencio que se respira, y con el sentimiento que hay en ellas, de veras que pone la piel de gallina. Redobles de tambores al paso de cada imagen y enormes velas encendidas portadas por encapuchados en perfecta alineación. Hay que verlo.

Pero quiso el destino, que al terminar esta, nos encontráramos en unos pocos metros mas lejos, a otra procesión; esta más oficial pues al principio de todo estaban muchas autoridades civiles y militares que precedían a una compañía de la Guardia Civil. Esta procesión, la del Santo Sepulcro, menos vistosa que la anterior, pero aun así, impresionante.

Antes de dar por terminado el día, había que introducirse en las callejuelas del centro de la ciudad y probar los vinos y tapas de esta ciudad. Bares repletos, gente comiendo y bebiendo en las calles, y un ambiente de fiesta que se asomaba al calor de una copa de buen vino, en cualquier rincón de las atestadas calles de una ciudad en viernes Santo.
El sábado decidimos hacer una pequeña excursión hacia la playa granadina, y nos dirigimos primero hacia Salobreña.
Salobreña tiene el casco antiguo encima de una roca. Subir por sus calles, empinadas también, recrearse en la artesanía de sus construcciones, contemplar las vistas que ofrece la altura y llegar hasta el castillo árabe del s. XII. Desde lo alto de sus torres, Salobreña a nuestros pies, el mar a nuestra espalda y un grado de satisfacción en nuestros cuerpos, por haber subido hasta arriba.

Descendimos y nos encaminamos hacia Almuñecar, pueblo mas turístico que el anterior y donde la lluvia hizo que no apreciáramos todo lo que debiéramos este rincón granadino, donde una intensa vida turística todo el año, lo convierten en quizás el contrapunto de lo que andábamos buscando.

Después de comer, frente al mar, quisimos encaminarnos a uno de esos lugares que todos hemos oído, pero pocos conocemos. Las alpujarras.
Digiendonos a la sierra alpujarreña, las montañas rebosantes de fertilidad, de verde, nos recibian a nuestro paso, y a veces, como si fuesen gotas de nieve en un manto verdoso, un pueblo, una aldea.

En medio de aquel desierto de civilización una mancha blanca, nos decia que allí, había un pueblo, en medio de la nada, pero en medio de un vergel.: Pampaneira, Bubión, Capileira, Orgiva…pueblos remotos en los mapas donde lo primero que impresiona es el aire frió y cortante que sopla. La nieve de sierra nevada sopla hacia estos pueblos en los cuales el turismo extranjero ha encontrado su nuevo Dorado. En lugares de menos de 500 habitantes, varias agencias inmobiliarias, algunas en ingles, ofrecen sus casas al que desee comprarlas. Las carreteras de acceso a las alpujarras son el pretexto perfecto para disfrutar de unos paisajes diferentes a todos los que habíamos visto. Regresando por el pueblo de Lanjaron, comprobamos que de las fuentes de la ciudad, el agua sigue estando fresquísima al brotar al aire libre.

Y para cenar, nada mejor que volver a caminar por las calles de Granada, por sus bares y tascas, y sobre todo por uno, al que ya nos estábamos acostumbrando.

El domingo, debíamos de dejar Granada para dirigirnos hacia otra nueva morada, en Baza. Y después de recorrer casi 110 Km., y de hacer una pequeña visita familiar, llegamos a las cuevas AL JATIB, en Baza. Una nueva sorpresa que me tenia preparada mi Encarna.
Desde hace años, cientos, miles de años, el hombre ha vivido en cuevas. Pequeños espacios ganados a las montañas, a las sierras. Poco a poco la mayoría fueron quedando deshabitadas y algunos de sus propietarios las fueron rehabilitando como vivienda original, de veraneo o como la mayoría para el turismo.
Las cuevas Al JATIB, a 3 Km. de Baza, son un complejo de 6 cuevas, aunque están ampliando 4 mas, excavadas en las rocas, con todas las comodidades que se pueden tener. Están equipadas como si un apartamento fueran, TV, nevera, cocina, estufa, baño con ducha… pero eso si, todo dentro una cueva, en un espacio único, sin paredes, y donde tan solo la separación de las estancias se hace por medio de cortinas. Es idílico. Por las noches, silencio absoluto y oscuridad. No se oye nada. Tan solo el sonido del aire filtrándose por debajo de la puerta da un poco de ambiente aterrorizante al lugar.
Lo peor del lugar, el paisaje que no es de lo mas bonito que hemos visto.

El complejo de las cuevas en el que también hay una teteria y un restaurante de cocina árabe mediterránea, con incursiones en la cocina francesa, posee su mayor encanto, en un Haman, excavado bajo arcilla, y donde, con previa reserva antes, se puede disfrutar de un baño turco durante dos horas.
Pasar del agua caliente al agua fría, recrearse en el agua, y dejar volar la imaginación hasta donde uno quiera…excitante….
Pero lo que no sabíamos, es que en esas dos horas, nadie iba a molestarnos….
Nadie…
Si se quiere, en las cuevas también se dan masajes, al salir del baño…
Esa tarde de domingo, paseamos por los alrededores, disfrutamos del Haman, y cenamos pronto…mañana queríamos conquistar la Alhambra.

El lunes por la mañana después de realizar de nuevo un montón de kilómetros, nos fuimos hacia Granada, aparcamos el coche por el centro de la ciudad y con un autobús subimos hacia la Alhambra.
Lo que marca la visita es la entrada a los palacios Nazaríes, que nosotros teníamos a las 4 de la tarde, por lo cual primero nos decidimos en irnos hacia el Generalife.

El Generalife, que esta dentro del recinto de la Alhambra, es la parte que servia de recreo y de subsistencia a los reyes. El rey se trasladaba a el para huir de los problemas de las cortes. También fue la residencia de varios de los Sultanes que gobernaron Granada.

Según el Coran, el agua es parte del paraíso…y por ello, desviaron parte de rió Darro, para que llevara agua hasta el lugar. Entrar en el Generalife, es una explosión de belleza, aromas y arquitectura: jardines muy bien cuidados, que con el ruido del agua al caer sobre los estanques, reproduce una sensación de frescura. Estábamos dentro de la Alhambra, y nuestra conquista no había hecho más que empezar.

Seguimos recorriendo los jardines del Generalife, para dirigirnos poco a poco, hacia la zona de los palacios Nazaríes. Atravesamos jardines, y restos de palacios destruidos, para llegar al palacio de Carlos V, un enorme circulo dentro de una estancia cuadrada, para seguir ya ahora si, en los palacios.
Relatarlo es difícil. Hay que verlo. Estancias cada una de ellas mas adornada que la otra, enormes columnas con unos impresionantes capiteles, techos labrados de ornamentación y patios, y patios llenos de agua, como el de los Arrayanes, donde la imagen de la fachada rivaliza en admiración con la que se refleja en el agua.
Siguiendo el recorrido se llega a la torre de Comares, y en el interior de ella esta el salón del trono, lugar donde el Sultán realizaba sus audiencias, desde un lugar alto y prominente.
En el techo de la torre, hay un mosaico de más de 8000 piezas.

El siguiente patio que se atraviesa es el de los leones, quizás el mas famoso de todos los patios y aunque unas cuerdas impiden acercarse a la fuente, la imagen es realmente bella. Sus doce leones donde tiempo atrás brotaba el agua de sus bocas, ahora en restauración, es una de las imágenes más famosas de la Alhambra.

Siguiendo el recorrido llegamos a las sala de los Abencerrajes, donde las leyendas de crímenes y asesinatos decoran la estancia. Cruzamos la sala de las dos hermanas, para ya poco a poco ir saliendo hacia el exterior de los palacios y emprender el camino de subida por unas escaleras adornadas de setos, hacia la otra parte que nos quedaba por ver: La Alcazaba.

La Alcazaba, fue la fortaleza militar del recinto y con el paso del tiempo también se convirtió en el lugar de vivienda de los soldados y también como cárcel y granero.

Desde la Alcazaba las vistas sobre la ciudad de Granada es impresionante y aun mas si se sube a la torre de la vela.
Esta torre es la mas alta de toda la Alhambra y en lo alto de ella hay una enorme campana que todos los días 2 de enero, los habitantes de Granada pueden subir a la torre y tocar la campana, como conmemoración de un lejano 2 de enero de 1492, cuando los reyes católicos conquistaron la ciudad, enarbolaron una bandera desde lo alto de la torre, para simbolizar la conquista de la ciudad.

El aire azotaba nuestras caras, pero habíamos visto la Alhambra, habíamos conquistado la última fortaleza del reino Nazari. Por el descenso y mientras nos dirigíamos a la salida, cruzamos el camino de las torres, para desembocar en la entrada de la Alhambra, ahora ya bastante vacía de publico.

Mientras nos alejábamos por el exterior de sus murallas, volví la vista atrás para contemplarla por ultima vez tan cerca…no llore como hizo Boabdil…por que siempre que quisiera podría volver a visitarla. La Alhambra, de cuyo nombre hay varias leyendas: sobre el color de la montaña, sobre la iluminación, sobre el color de las hachas de los que la construyeron…

Y como queriendo contemplar un tesoro, volvimos a ascender por las calles del Albaicin, para, sentados en el mirador de San Nicolás, contemplar como el sol se ocultaba por detrás de Granada y las luces de la ciudad iluminaban los lugares que momentos antes habíamos pisado.

Regresamos a nuestra cueva, después de perdernos unos momentos más por las calles y el tapeo de la ciudad.

El martes, decidimos hacer turismo por los alrededores, y adentrarnos en el parque natural de la sierra de Baza, contemplando cientos de tonalidades de verde, caseríos y cortijos, fuentes y miradores y dejando que el sol nos bronceara la piel. Por la tarde tomamos un nuevo Haman, donde la experiencia del anterior nos sirvió de bastante….de mucho…

Regresamos atravesado olivos, decenas, cientos, miles, millones de olivos, kilómetros llenos de plantaciones que nos iban acompañando por todas las carreteras de Jaén, paisajes preciosos adornados por aceituneros….

En Granada, en una tapia una frase simboliza todo lo que vimos…

“Dale limosna, mujer, dale, que no hay mas desgracia que ser ciego en Granada”

Abril 2005


Fuente/Autor:
LLORENÇ ESTELLA SELVA.
LWRENCE80@hotmail.com
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