El Pilar
A orillas del Río Ebro, en Zaragoza, se levanta la imponente
Basílica del Pilar, joya del arte barroco en Aragón.
Es visitada por millares de personas cada día, polariza
la vida religiosa de la Ciudad y constituye además, el
signo identificador de Zaragoza, para el mundo entero.
Su construcción
Sucede
este templo al construido en 1515, en estilo gótico, y
que, a su vez, sucedió al románico destruido por
un incendio en 1443.
El templo actual se levanta sobre los planos de Felipe Sánchez
y Herrera El Mozo, a partir de 1681. En el año 1718 se
terminan las naves y se coloca el retablo mayor y el coro, pertenecientes
ambos al antiguo templo. Tras un largo paréntesis, Fernando
VI designa arquitecto del Pilar a Ventura Rodríguez, quien
transforma completamente el plan de Herrera; contruirá
la Santa Capilla, y remodelará el trazado exterior con
cúpulas añadidas a la central (que en un principio
se había pensado iba a ser la única) y torres que
no se terminarán hasta mediados del siglo XX. Así
contemplamos, desde cualquier perspectiva, un impresionante edificio
de características singulares por sus dimensiones, por
la severidad del ladrillo empleado, de raíz mudéjar,
por la policromía de las tejas de sus cúpulas y
el aire bizantino que respira su estructura de cubrimiento. En
total son cuatro las torres, en sus cuatro esquinas, todas de
diseño similar, 11 cúpulas y 10 linternas.
El interior es de una gran belleza y una serena grandiosidad.
Toda la traza del templo está acomodada a la idea, siempre
defendida por el Cabildo del Pilar, de no mover de su sitio la
Sagrada Columna de la Virgen.
Las torres del Pilar
Desde 1683 hasta 1961 tuvo que esperar la Basílica zaragozana
para contar con todas sus torres. La construcción de la
primera, la torre de Santiago, finalizó en 1715, pero hasta
1892 no fué colocado el chapitel superior de cobre, de
40 toneladas, fundido en los talleres Averly. La torre de Nuestra
Señora del Pilar, que completó la fachada hacia
la actual plaza, se finalizó en 1907. Las dos torres restantes,
de Santa Leonor y de San Francisco de Borja fueron finalizadas
en 1949 y 1961 respectivamente y llevan esos nombres en honor
al matrimonio zaragozano que sufragó las obras: D. Francisco
Urzaiz y Dª Leonor Sala.
La tradición del Pilar
Según
una venerable y antiquísima tradición, La Virgen
María, cuando todavía moraba en Jerusalem antes
de su gloriosa Asunción a los cielos, vino a Zaragoza a
consolar y animar al Apóstol Santiago. Este se encontraba,
con los primeros convertidos, a las orillas del río Ebro,
predicando el Evangelio. Desde tiempo inmemorial, estos hechos
se sitúan en la noche del 2 de enero del año 40
de la era cristiana.
Tres son los rasgos peculiares que caracterizan esta tradición
y la distinguen de las otras:
En primer lugar, se trata de una venida, no de una aparición
de la Virgen. A diferencia de tantas apariciones como, sin duda,
ha hecho, por diversos motivos, la Virgen María (Lourdes,
Fátima...), en el caso de Zaragoza la Virgen viene cuando
todavía vive en Palestina: Con ninguna nación hizo
cosa semejante, cantará con razón la liturgia del
2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.
Un segundo rasgo característico de esta tradición
es la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que,
sobre él, se construyera la primera capilla que, de hecho,
sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.
Finalmente, hay una tercera nota distintiva. Es la vinculación
de la tradición pilarista con la tradición jacobea.
Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido
dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante
siglos la espiritualidad de la patria española.