Bruselas
Fuente: artesonado.com
PRESENTACIÓN
¿Quién no ha soñado alguna vez con
viajar a la ciudad de las famosas coles? Ahora con las nuevas
compañías aéreas de bajo coste, le saldrá
más barato cumplir su sueño que quedarse en casa:
gracias a Vueling, Virgin y Ryanair, podrá usted encontrar
vuelos a partir de 10 euros por trayecto más tasas. ¿Y
por qué tan baratos?, se preguntará con la mosca
en la oreja. La explicación es muy sencilla: la ventaja
consiste en que usted realiza parte del trayecto a pie. Efectivamente,
desde que desembarca del avión hasta que sale por la
puerta del aeropuerto de Bruselas, el pasajero recorre en el
coche de San Fernando una distancia aproximada de 100 kilómetros,
lo que supone un ahorro considerable en combustible que estas
compañías amablemente repercuten en el precio
del billete. Le recomiendo, por tanto, que, como el poeta, vaya
ligero de equipaje de mano.
TRANSPORTE
Si llega en coche tendrá oportunidad
de admirar las excelentes autopistas belgas de tres carriles
iluminadas de cabo a rabo de las que todo el mundo habla. Al
igual que la muralla china y el arrecife de coral, son visibles
desde la luna, doy fe. Debe saber que conducir en Bruselas es
una emoción comparable a la de conducir en Nápoles,
pero, claro, lloviendo. Se barajan dos motivos: el primero es
que hay una parte significativa de la población conductora
autodidacta que obtuvo el permiso en una época en la
que no había examen de conducir. En los 60 los coches
de matrícula belga eran el terror de las carreteras francesas.
Además de eso, el permiso no se renueva nunca, así
que el titular de un permiso belga puede devenir centenario,
ciego, sordo y manco y seguir conduciendo tan tranquilo. Por
eso, les aconsejo que si ven a una ancianita con sombrero o
a un viejito con gorra al volante, les cedan el paso rápidamente,
como a las ambulancias. Por si fuera poco, los que se van a
sacarse el carnet pueden conducir libremente antes de examinarse,
así practican y van al examen con experiencia. Gran idea,
¿no? El otro motivo es que en Bruselas un semáforo
verde no siempre significa “vía libre”, sino
más bien algo como “barra libre”, porque
mientras está verde para usted también lo está
para todos los que pueden atravesarse en su camino. Así
que para pasar hay que llegar tácitamente a lo que los
lugareños llaman un arrangement à l’amiable,
o sea, una especie de entendimiento amistoso cuyos entresijos
requieren cierto aprendizaje sobre el terreno.
Aviso a los ciclistas de que es una ciudad bastante montañosa
donde, a diferencia de otras capitales norteñas, los
conductores no tiene costumbre de compartir las calles con bicis.
Si prefiere el tren, sepa que ninguna de las estaciones se parece
a lo que cabría esperar de la tan cacareada capital de
Europa. Especialmente deprimente es llegar desde Londres a través
del Eurochannel. Sólo los viajeros con más mundo
podrán hacer frente al shock cultural que supone llegar
al destartalado barrio de Midi. La estadística demuestra
que hay aquí más chilabas que en Estambul. Excusez-moi,
ici c’est …l’Europe?
CULTURA, POBLACIÓN Y COSTUMBRES
Y es que tras este viaje iniciático
a Bruselas quedará usted totalmente liberado de una serie
de prejuicios arraigados en nuestra memoria histórica
desde la noche de los tiempos. Por ejemplo, muy extendido está
el prejuicio papanatas de que es un país muy adelantado.
Salgan de su error urgentemente: los servicios públicos
belgas, la administración y, en general, todo lo que
tiene que ver con la res publica, son de una ineficacia desesperante
pero al mismo tiempo farragosísima. Y es que Bruselas
no es una ciudad, sino diecinueve, y cada municipio es admistrativamente
independiente. Por suerte, el turista no tiene muchas posibilidades
de entrar en contacto con la administración, así
que aproveche y disfrute pero no se distraiga y mire por dónde
pisa: Bruselas es la ciudad con más cacas de perro por
centímetro cuadrado de la tierra. Ya ve, el civismo y
el aseo de los europeos del norte, otro prejuicio que se hace
añicos. Para compensar, los nativos son amables y varias
veces al día le desearán lo mejor de lo mejor:
bonne journée madame, bon weekend monsieur, bon dimanche
messieurdammes y, los más cumplidos, incluso bon commencement
de fin d’après midi, que ya es rizar el rizo de
los buenos deseos. Otro falso prejuicio, propagado por sus vecinos
franceses, es que los belgas no tienen muchas luces. Para nuestros
vecinos transpirenaicos, une histoire belge es sinónimo
de chiste, como este: un belga y un francés se tiran
de un avión sin paracaídas. ¿Quién
llega antes? El francés, porque el belga se pierde por
el camino. Pero yo pregunto: ¿acaso no era belga el inspector
Poirot? ¿Y no descubría siempre al asesino? ¿Y
qué me dice del intrépido Tintín? Por si
fuera poco, el brillante Astérix es medio belga, y no
hablemos de Obélix. Creo que con estos ejemplos queda
científicamente demostrado que hay belgas listos.
Tantos prejuicios han llevado a algunos a afirmar que Bélgica
es un país sin ninguna de las ventajas de los países
del norte y sin ninguno de los encantos de los países
del sur. No puedo suscribir tanta severidad. Es cierto que el
clima no favorece la animación callejera, pero salga
cualquier noche entre semana y verá que todos los restaurantes
están llenos, así que le recomiendo reservar.
Al contrario de lo que piensan la mayoría de los latinos,
incluida mi tía Concha, Bruselas es una ciudad en absoluto
aburrida; no en vano es sede de la mayor parte de las instituciones
europeas y destino tradicional de emigración, así
que es auténticamente internacional y multicultural.
Recorra los barrios residenciales de Uccle,
Woluwé Saint Pierre
y Woluwé Saint Lambert
para ver las preciosas calles de maisons de maître y hôtels
de maître con jardín donde viven los pobres funcionarios
europeos e incluso los belgas corrientes.
La oferta de ocio es surtida y precisamente una familia belga
es la propietaria de los cines Kinepolis, los más cómodos
del mundo. Si va en abril, le encantarán las avenidas
y parques repletos de cerezos y castaños reventones de
flores, pero evite la primavera belga si es alérgico
al polen. Es la ciudad europea con más metros de zonas
verdes, obras de arte del paisajismo y la jardinería
con vistas y rincones verdaderamente mágicos. Ya Carlos
V y Felipe II importaban a España jardineros de Bruselas.
Además, son artistas para el arreglo floral, compruébenlo
en cualquier floristería de diseño. Yo les recomiendo
la de Flamant, en la cuca
plaza del Sablon. Los
parques de Woluwé,
Josaphat, el del Museo
del Congo, en Tervuren,
o el Bois de la Cambre
son como de Walt Disney, con cisnes y conejitos, hasta zorros
hay a veces en plena ciudad, también doy fe y esta vez
de verdad. Pero yo me pregunto: ¿vale la pena que se
pase el año lloviendo para tener estos maravillosos parques
que, a fin de cuentas, están minados de cacas de perro,
de pato y de conejo? Quede este interrogante en el aire como
acicate para una eventual reflexión personal.
EXCURSIONES
No deje de realizar las encantadoras y consabidas
excursiones a Brujas,
Gante y Amberes,
y ya puestos acérquense a De
Haan o Knocke,
las ciudades de veraneo de la costa belga. Knocke es, además,
la ciudad con mayor número de millonarios por metro cuadrado
de Europa, gracias a un atractivo régimen fiscal. La
Mer du Nord (ojo, no confundir con la Merde du Nord) es un mar
que ofrece toda la gama de tonalidades imaginables entre el
gris plomo y el marrón trufa, y sorprenderá al
viajero por su enorme tráfico de cargueros, sus dunas
y sus lucidas mareas. Si, a pesar de todo, se aburre en Bruselas,
pues se sube al Thalys y en una horita estará usted en
el centro de París, o al Eurostar y en algo más
de dos horas en el centro de Londres. No está mal. En
ningún caso vaya a Luxemburgo.
GASTRONOMÍA Y MUSEOS
La oferta gastronómica es excelente:
los belgas son muy serios en la mesa, pero si usted no quiere
parecer un turista, lo mejor es que se compre en cualquier friterie
un cucurucho de patatas fritas acompañadas de mayonesa.
Las frites son el plato nacional, pero por su seguridad personal
le advierto que no las fríen precisamente en aceite de
oliva extra virgen primera presión, no quisiera que tuvieran
que llevarle a ninguno de los vetustos y malolientes hospitales
de la capital de Europa por una negligencia mía. También
se las comen acompañando a los mejillones, otra debilidad
nacional. Pero si es usted amante de la excelencia, pocas cosas
podrá encontrar en el planeta más deliciosas que
el chocolate belga. Las tiendas de Neuhaus
y muchas otras marcas están por toda la ciudad y, según
los últimos estudios de la Universidad Libre de Bruselas,
el afrodisíaco chocolate es lo mejor para adelgazar,
para las neuronas, para la tos y para el acné, mire cuántos
prejuicios se le han quitado en una sola frase. Para los obsesos
será muy interesante la visita a una auténtica
fábrica de chocolate, como la Chocolaterie
Duval, en rue des Chardons 19 (Schaerbeek) o al
Museo del cacao y del chocolate,
en la mismísima Grand Place n† 13, con demostración
incluida de un maître chocolatier diplomado. Otro producto
belga universalmente apreciado es la cerveza, con su correspondiente
Musée de la brasserie
un poco más allá, en el n† 10. Siguiendo con los
museos, si le gusta el comic no se pierda el de la bande
dessinée, género en el que los belgas
son maestros.
DE COMPRAS
Flandes
es tradicionalmente comercial, así que ir de compras
siempre es interesante. Además, así podrá
practicar su francés. Si ve que no entiende nada, probablemente
le estén hablando en flamenco, junto con el francés
y el alemán, una de las tres lenguas oficiales de Bélgica.
Me consta que el souvenir más apreciado, después
de las trufas, y de las coles, claro, es el sacacorchos del
Manneken pis, detalle
de buen gusto que no puede faltar en ninguna cocina. El llavero
del Atomium le puede sacar
de algún apuro (por cierto, el original acaba de ser
restaurado y puede subir). Pasee por la Galerie
de la Reine para ver maravillas en encaje de Bruselas,
pero si compra que sea antiguo, porque el nuevo no me gusta
nada, oiga. Todo lo de Tintín
y Milou se encuentra fácilmente y gusta bastante.
Bruselas es una ciudad ideal para comprar antigüedades:
visite el mercadillo del fin de semana en la Place
du Sablon, y las cercanas calles des
Minimes y de Blaes.
También puede regalar algún repelente de insectos
belga, inventados en la época de la colonización
del Congo y eficacísimos. Otro buen regalo para su prima
la arquitecta es el libro “400 façades étonnantes
à Bruxelles” que es rigurosamente cierto, como
lo de los zorros, porque Bruselas es así: en la calleja
más orinada le sorprenderá una mansión,
en la avenida más palaciega se caerá en los baches,
y en los barrios más distinguidos pisará caninas,
porque lo excelso convive con lo infame, lo increíble
es cotidiano y lo surrealista es real. No se equivoque, Delvaux
y Magritte son pintores realistas.
Puede que Bruselas no sea perfecta, pero en su defensa cabe
decir que es la única ciudad del mundo donde las coles
de Bruselas son de verdad de Bruselas.
Guía de Bruselas redactada
por Willy Fog.
Fuente:
artesonado.com
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