| (Pilar
Sierra).- Nos levantamos a las ocho de la mañana,
y entre duchas y desayunos nos avisan de que el grupo
de expedicionarias mexicanas ha llegado de madrugada.
Mientras nos estamos conociendo llega el Mayor Rosales,
quien nos anuncia que partiremos a Tiawanaku a las tres
de la tarde. Entre tanto comemos y al fin puedo recuperar
mi mochila; gracias sobre todo a la ayuda de la tía
de una de las chicas bolivianas, quien, causalidades de
la vida, trabaja en American Airlines y fue quien me tomó
los datos del equipaje.
Después de comer nos avisan de que finalmente
tendremos que esperar a mañana para ir a Tiawanaku
debido a un paro de carreteras, así que la tarde
pasa bebiendo mate y mascando coca (que va genial para
el mal de altura) con los ruteros argentinos y peruanos.
El pueblo de Tiawanaku
Hoy, tras levantarnos, desayunamos empanadillas y ¡leche!,
lo que nos pone de muy buen humor ya que es la primera
vez que la probamos desde que empezó la ruta.
El Mayor Rosales nos avisa de que vendrá un bus
para llevarnos a Tiawanaku, así que todos nos animamos
bastante.
Después de dos horas de viaje llegamos a Tiawanaku,
donde nos encontramos con tres chicas españolas
(Sandra, Tatiana y Cristina), Diwi y Juan (Panamá)
y Omar (Marruecos) quienes llegaron ayer por su cuenta
y, ante la falta de apoyo de las autoridades, tuvieron
que buscarse un alojamiento por su cuenta. Sin embargo,
tuvieron la suerte de presenciar la ceremonia de la salida
del Sol y bailar en la fiesta con el resto de lugareños.
Junto a ellos conocemos el pueblo y volvemos al colegio
militar, ya que las visitas al yacimiento de la cultura
tiahuanaco se terminan a las tres de la tarde y ya son
más de las seis.
Día hippie
Tras levantarnos y desayunar vamos a dar una vuelta por
La Paz, así que tomamos un taxi entre siete personas,
apretujados unos encima de otros, y sorprendentemente
el conductor se lo toma bastante bien.
Una vez en el centro de la ciudad conocemos el colorido
mercado y algunos hacen compras típicas.
De vuelta en el colegio militar, conocemos por fin a
Rubén La Torre, director de Ruta Inka, quien nos
anuncia que el grupo de ruteros que llegaba por Lima ha
visto el yacimiento de Tiawanaku y ha recibido una conferencia
sobre cultura andina a cargo de un profesor universitario.
El grupo de La Paz estamos indignados porque a nosotros
no habrá tiempo de llevarnos a ver esas ruinas
y mucha gente hizo su monografía de la ruta sobre
ese tema.
Finalmente se celebra una reunión en la que participamos
expedicionarios, monitores, Rubén y el Mayor Rosales,
y acordamos seguir el programa de la expedición
e intentar acomodar la visita a Tiawanaku uno de los días
destinados a ver La Paz, que nosotros ya conocemos bastante.
Mientras esperamos a que llegue al colegio el grupo de
Lima, unos hacen una visita al Valle de la Luna (en esta
ocasión se meten 12 en un taxi) y los demás
nos quedamos en el césped del colegio bailando
cariocas, haciendo malabares y tocando la guitarra con
Ariel Benítez, el cantautor que ha compuesto "La
Canción del Qhapaqñan", el himno de
nuestra ruta. Y por supuesto el mate que no falte, a cargo
de Sole y Vale (Córdoba, Argentina), quienes siempre
tienen un termo lleno.
Después de cenar, nos metemos en una habitación,
atamos luces químicas las cariocas y las pelotas,
y las bailamos con la luz apagada. Mientras, tocamos la
guitarra y nos hacemos fotos, que resultan de lo más
psicodélicas.
Al fin llega el otro grupo de ruteros y hasta la hora
de dormir estamos presentándonos y recibiendo las
camisetas oficiales de la ruta, que, junto con los típicos
gorros andinos de orejeras, se han convertido en nuestro
uniforme.
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