| Ubicadas
a 965 kilómetros de la costa de Ecuador, las Islas
Galápagos es uno de los últimos paraísos
naturales que aún existen en este mundo que hoy
en día lo estamos matando de a pocos. Está
conformada por trece grandes islas volcánicas y
seis islas más pequeñas. Periodista Latino
visitó La Isabela, la más grande del archipiélago
encantado. He aquí nuestra experiencia.
(Texto y fotos: Paul Monzón)
EL VIAJE
Muy temprano tuve que hacer las maletas en el Hotel
Ramada de Guayaquil. A primera hora de la mañana
me esperaba un autocar para llevarnos con dirección
al aeropuerto para abordar el vuelo de AEROGAL
con dirección a la isla de San Cristóbal,
nuestra primera parada antes de seguir con dirección
a la isla La Isabela, la más grande del archipiélago
de las Galápagos, uno de los últimos paraísos
en estado natural que aún se conservan en el mundo.
Tras un breve vuelo llegamos a San Cristóbal y
tras esperar por espacio de una hora seguimos viaje, pero
en esta ocasión en avioneta de la compañía
EMETEBE S.A con rumbo a nuestro destino
final: La Isabela.
LA ISABELA
La Isabela es la mayor de las Islas Encantadas y
ocupa más de la mitad de un territorio de 8 mil
km. cuadrados y está atravesada por la línea
equinoccial aproximadamente a 1.100 km de distancia de
la costa de Ecuador. Esta isla tiene cinco enormes volcanes
y es una de las zonas más jóvenes del mundo
con una antigüedad de menos de un millón de
años.
En al isla aún persiste la actividad volcánica.
Hay que recordar que el 99% de la isla es Patrimonio del
Parque Nacional Galápagos. El único pueblo
que hay en Isabela es Puerto Villamil que se encuentra
al sur de la isla y cuenta con una población de
dos mil personas aproximadamente.
Una de las cosas más increíbles de la isla
son sus contrastes espectaculares de vegetación
y paisaje. Solamente en un recorrido de 30 km. desde la
playa hasta la cumbre del volcán Sierra Negra se
pasa por sitios tan distintos como bosques secos, playas,
lagunas y manglares, campos de lava, zona húmeda
boscosa, etc.
Algo singular que se da en La Isabela son sus corrientes
marinas frías y cálidas que causan grandes
variaciones del clima dentro del año a pesar de
que el archipiélago está en plena zona tropical.
La fauna de las Galápagos es muy rica. Tras
mencionar a las tortugas gigantes, famosas de por si,
se pueden apreciar iguanas gigantes tanto de mar como
de tierra; lobos marinos, pingüinos, pelícanos,
fragatas, cormoranes, flamingos, cangrejos, “damiselas”
(pequeños pececillos), tintoreras, etc. Y algo
curioso: Galápagos es el único lugar en
el mundo en el cual los manglares que son propios de las
zonas costeras tropicales, y los pingüinos y lobos
marinos que son típicos de mares muy fríos,
y no obstante de que Galápagos está en plena
línea ecuatorial, se pueden encontrar estas especies
conviviendo en el mismo lugar. Y ello se debe a que existen
corrientes marinas cálidas y frías, las
cuales hacen que el clima no sea tan frío para
que los mangles mueran, ni tan caliente como para que
los lobos y los pingüinos no lo soporten.
Tras cuarenta y cinco minutos de vuelo en el cual sólo
se podía divisar el mar infinito desde las ventanillas
de la avioneta (capacidad para nueve pasajeros, incluido
el piloto) llegamos a La Isabela. Pensaba para mi que
en ese momento era cuando empezaba la aventura. Quizá
pensaba ello porque estar aquí ya era como un sueño
cumplido, un sueño que me abrigaba desde la niñez.
Aún no lo podía creer, pero era así.
Los cuatro días en La Isabela nuestro lugar de
residencia fue el Hotel Casa Marita,
que por coincidencia de la vida, lo regenta Marita, propietaria
del mismo, una peruana que ama tanto a estas islas como
nosotros que las queremos aunque no vivamos en ellas.
Tras un breve descanso, iniciamos un paseo por los alrededores
de Puerto Villamil visitando Poza Las Salinas, el Mirador,
y tras dar un rodeo por las playas que las circundan nos
dirigimos al municipio de la Isabela en el cual compartimos
un aperitivo preparado por la Asociación de Mujeres
Pescado Azul, momento en el cual tuvimos la oportunidad
de departir con representantes de la Fundación
Charles Darwin, Asociación de hoteles y restaurantes,
Asociación de mujeres Pescado Azul y OMAI y miembros
de la prensa local.
Una vez acabado el aperitivo, previo visionado de un
documental informativo sobre La Isabela y sus atractivos
turísticos, nos dirigimos al restaurante La Choza
en el cual tras una opípara cena regresamos al
hotel a reponer fuerzas ya que para las actividades del
día siguiente íbamos a requerir mucho esfuerzo
y había que estar descansados.
Debo confesar que a pesar de estar exhausto me fue
imposible conciliar el sueño. El sonido del mar,
de las olas rompiendo contra unos imaginarios muelles,
no me dejaban pegar ojo. A tan sólo unos metros
tenía frente a mi el inmenso Océano Pacífico,
y es que Casa de Marita se encuentra a unos cuantos metros
del mar y cuenta con una hermosa playa ideal como para
zambullirse o admirar por las tardes un sunset de ensueño.
No sé cómo pero en algún momento
me quedé dormido.
CENTRO DE CRIANZA DE TORTUGAS
A primera hora de la mañana tras degustar un desayuno
de esos que te ponen las pilas, hicimos un breve paseo
por Puerto Villamil, y en especial visitando su infraestructura
hotelera.
Si bien es cierto no son hoteles cinco estrellas y mega
construcciones, también lo es que cuentan con una
infraestructura acorde al entorno natural en el cual están
edificados. Acogedores, cómodos y atención
personalizada. Los hoteles visitados fueron: EL Pailón,
Ballena Azul y Tero Real.
Una hora y media después abordamos unas camionetas
4X4 y pusimos rumbo al Centro de Crianza de Tortugas del
Parque Nacional de Galápagos. Las 4X4 se detienen
en la carretera porque para llegar al centro es necesario
hacerlo a pie por un sendero de aproximadamente un kilómetro
el cual pasa por diferentes ecosistemas tales como lagunas,
manglares, bosques secos y campo de lava. Unos escenarios
idóneos como para hacer películas. En algunos
momentos te imaginas que estás en otro mundo o
en otra época.
En el Centro de Crianza uno puede ver y admirar-diría
yo- esas monumentales tortugas gigantes, únicas
en el mundo. También se puede apreciar y conocer
algo más sobre el proceso de reproducción
en cautiverio medida efectuada con el fin de recuperar
las poblaciones salvajes de estos reptiles. Es posible
visitar también el Centro de Visitantes, en el
cual curiosamente se puede ver un mural en el cual se
ven imágenes paralelas entre la vida del hombre
y las tortugas galápagos. Mientras uno nace y muere
a los 70 u 80 años aproximadamente, estos reptiles
por el contrario suelen vivir hasta los 120 o 150 años.
La visita había concluido por lo cual nos dirigimos
al Muro de las Lágrimas y los senderos de los humedales.
EL MURO DE LAS LÁGRIMAS
El Muro de las Lágrimas es un lugar histórico
en La Isabela. Y es que en los años 1946 al 1959
allí existió una colonia penal en la cual
para castigar a los presos se les obligó a construir
un muro con enormes bloques de lava.
Este muro tiene una extensión de 100 metros de
largo por seis metros de altura. A través de unas
escalinatas es posible observar este muro en su conjunto.
El almuerzo, muy reparador y sabroso de por si corrió
por cuenta del restaurante “Toque del Sabor”.
Tras un breve descanso nos dirigimos en lancha al islote
de las Tintoreras, denominado así debido a que
existe una grieta de lava con agua tranquila y transparente
donde suelen ir a descansar tiburones de aleta punta blanca,
llamadas “tintoreras”.
El lugar de por sí es impresionante. Los contrastes
de la naturaleza son impactantes. Se puede ver a los tiburones
nadar junto a los lobos marinos y no muy lejos, en otros
pequeños islotes, enseñorearse a los ¿pingüinos?,
junto a pelícanos y otras aves propias del lugar.
Las Tintoreras parece el escenario idóneo
para filmar una película de ciencia ficción.
Por unos instantes uno cree que está en la Luna.
Y es que el aspecto del islote es similar al de la Luna.
Regresamos a tierra pero sólo para darnos un salto
a la Concha de Perla, lugar que si eres aficionado a la
natación te resultará sumamente atractivo.
La Concha de Perla es una bahía con agua poco
profunda, muy tranquila y cristalina que al hacer buceo,
o Snorkel, te permite admirar la fauna marina de las Galápagos.
Incluso si hay suerte es posible nadar junto a los lobos
marinos y pingüinos.
Por la noche cenamos en el restaurante La Ballena Azul
que es también un hotel muy confortable.
RUMBO AL VOLCAN SIERRA NEGRA
Es el penúltimo día en La Isabela y hay
que dirigirse al volcán Sierra Negra que es la
segunda caldera más grande del mundo con un diámetro
de 10 kilómetros y luego seguir hasta el volcán
chico.
El trayecto hacia Sierra Negra, localizado a 22 kilómetros
de Puerto Villamil, lo hicimos en una camioneta 4X4, aunque
a mitad del camino tuvimos que optar por continuar a caballo.
Es la única manera de llegar hasta la zona volvánica.
La cabalgata duró un buen tiempo (casi una hora
y media).
El panorama era espectacular. Pensar que íbamos
por la cima del volcán (eso no lo supe sino sólo
hasta que me lo comentó el guía). Tras la
cabalgata hay que seguir a pie por unos senderos que te
hacen sentir en otro mundo. El paisaje cambia abruptamente
de un lugar a otro. Senderos de lava petrificada se suceden
ante nosotros. El sendero peatonal comprende unos 1.5
kilómetros aproximadamente.
Tras bajar hacia el volcán se pueden apreciar
los chorros de lava petrificados de diversas texturas
y colores, incluso fumarolas que cambian de sitio y lugar
frecuentemente. Hay que mencionar – hoy cuando escribo
este reporte- que no hace mucho ha habido una erupción
volcánica en esta zona. Hay posibilidad de pasar
la noche en Sierra Negra pero es necesario solicitar permiso
en la Oficina del Parque Nacional Galápagos en
Puerto Villamil.
La Isabela, a mi parecer – en caso de que alguien
opte por viajar a las Islas Galápagos- es la isla
ideal para visitar. Y es que ella sola tiene en su conjunto
todos los atractivos que tienen las demás islas
que conforman el archipiélago. Fauna, flora, atractivos
turísticos. Todo. Y el más grande atractivo
considero que es su no masificación. Aún
es como tierra virgen y ello la hace más importante
aún. Si Indiana Jones existiera seguro que su paraíso
elegido serían Las Galápagos. De eso no
hay duda.
Se acabó el viaje y hoy, al revivirlo y plasmar
mis vivencias para este reporte, no puedo más que
sentir un pequeño dolor en mis entrañas,
quizá la sensación de que en alguna parte
de mi corazón quedan y viven aún esos momentos
experimentados en las Islas Encantadas. Tengo que volver,
espero que sea pronto.
|