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Fue un lugar importante y un adoratorio mayor,
donde se rendía culto al agua con el cuidado y la veneración
con que los incas trataban a dicho elemento. Aunque todavía
quedan misterios por desentrañar, la calma del sitio,
el sonido del agua y la sensación de estar cerca de los
dioses, subyugan al visitante.
Ubicación
El desvío a Tipón (Km. 21) se ubica dos kilómetros antes
de la ciudad de Oropesa. A partir de allí, una carretera
afirmada de cuatro kilómetros conduce al lugar.
El nombre antiguo de Tipón, o por lo menos
de la zona donde se encontraba el Santuario, es Quispicanchis.
Todavía se conserva y fue la denominación de un extenso
y denso poblado que ocupa 40 hectáreas de la ladera al
oeste del complejo de andenes de Tipón. La traza irregular
de ese asentamiento indica que no fue construido por los
incas, sino por alguno de los pueblos conquistados.
Tierra
de peregrinaje
La importancia del lugar está señalada en la descripción
que hace el padre Cristóbal de Molina del notable peregrinaje
místico que los tarpuntaes -sacerdotes incas-, realizaban
antes del solsticio de invierno para llegar cerca al
lugar de salida del Sol. Se trataba de un peregrinaje
de 100 kilómetros hasta Sicuani visitando adoratorios
dispuestos en línea recta. Luego se recorrían otros
100 kilómetros de regreso al Cusco, siguiendo una línea
que llegaba a Mantocalla, el sitio donde los astrónomos
imperiales observaban en las sucancas del este las salidas
del Sol, para definir la duración del año y verificar
las fechas de solsticios y equinoccios.
Aguas sagradas
El adoratorio de Tipón resulta pequeño en comparación
con el tamaño del centro poblado vecino pero, la calidad
de la edificación y la excelencia de la técnica hidráulica
allí utilizada, hacen del sitio un lugar excepcional.
Las aguas que riegan los andenes todavía circulan por
los estrechos y profundos canales, forma poco común
en el incario. Las aguas quizá merecían ese cuidado
porque se originan de un puquio, una fuente natural
cerca a las cumbres del Patachusán, el poderoso apu
que cierra el valle por el este y ante el que todavía
los cusqueños inclinan su cabeza, antes de sorber sus
chichas. Eran aguas sagradas y para alguna gente del
lugar todavía lo son.
Canales subterráneos y privilegiados andenes.
Un canal de casi un kilómetro y medio, trae las aguas
de la altura y se hace subterráneo al pasar bajo lo
que pudo ser un intihuatana, en el extremo noroeste
del complejo. De allí se reparten las aguas por canales
habilitados con compuertas para riego controlado de
la serie de andenes que bajan por el pequeño valle que
contiene al monumento. Los andenes son de excelente
factura en el encaje de las piedras y en la calidad
del trazo. Pudieron servir para cultivos especiales
e investigación agrícola. Siendo Moray un lugar para
experimentación en microclimas y riego por secano, Tipón
pudo cumplir un papel semejante para explorar técnicas
agrícolas basadas en el riego artificial.
Las ruinas arqueológicas de Tipón es un Complejo Arquitectónico
de gran importancia : sus 12 terrazas blanqueadas por
muros de piedra perfectamente pulidas y enormes muros
de andenes , así como fuentes caídas ornamentales y canales
aunados a la flora y configuración topográfica ofrecen
al visitante un recurso de gran calor cultural paisajístico.
Este atractivo arqueológico esta compuesto de los diferentes
sectores: Tipon propiamente dicho, Intiwatana, Pukutuyuj
y Pukara, Cruz Moqo o Qosqo Qhawarina, cementerio de Pitopujio,
Hatun Wayq’o, La Muralla, trabajos de hidráulica agrícola.
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