Las enfermedades de la tortuga.

La tortuga es una de las mascotas más populares gracias a que ocupa poco espacio y su cuidado es relativamente sencillo si se compara con un perro o un gato. Sin embargo, también es el animal que más enferma, padeciendo enfermedades que acortan su vida drásticamente.

Para cuidar de este reptil hay que tener en cuenta una serie de circunstancias que influirán en su crecimiento. La primera y principal preocupación tiene lugar a la hora de elegir el ejemplar que nos llevaremos a casa. Es preferible disfrutar de una tortuga criada en cautividad que de una capturada en el medio salvaje.

Aunque las segundas pueden ser más baratas en un primer momento, suelen presentar una serie de problemas una vez en el hogar. Es frecuente el debilitamiento del sistema inmunodefensivo por el estrés sufrido durante el transporte y los envíos, lo que les deja indefensas ante infecciones de parásitos u otras dolencias que con frecuencia terminan con la muerte del animal.

La llegada a casa
Antes de introducir en casa a nuestra tortuga, tendremos que informarnos adecuadamente de varios aspectos que nos facilitarán sus cuidados: saber de qué especie es, el lugar de procedencia, las costumbres, la alimentación… Es esencial para no cometer errores que puedan tener consecuencias fatales para nuestra mascota.

Cuando nuestro reptil llega a su nuevo hogar es aconsejable mantenerlo en cuarentena entre uno y dos meses, antes de que se mezcle con el resto de la colección, en el caso de que se posean más tortugas. Si éstas pertenecen a una especie distinta a la del nuevo ejemplar adquirido, es aconsejable mantener aisladas unas de otras para evitar la transmisión de enfermedades, ya que hay algunas contra las que una especie puede estar inmunizada, pero que, sin embargo, pueden resultar letales para otra variedad. El no mezclarlas también se refiere a la reproducción, puesto que nos exponemos a una descendencia con deformaciones u otros problemas.

¿Mi tortuga está enferma?
La gran mayoría de males que son capaces de dañar la salud de nuestra tortuga están asociados con una mala calidad del agua, la falta de una luz apropiada para su bronceado y las carencias en la alimentación.

Hay una serie de síntomas que te llevarán a sospechar a cerca de una posible enfermedad en tu tortuga. El catálogo de señales abarca desde el hinchazón en los ojos hasta la negativa a probar bocado, pasando por un cambio brusco en su comportamiento, ataques de tos o estornudos, diarrea, manchas blancas en su caparazón, etc.

En este sentido, resulta de vital importancia que, ante cualquier indicio, los primeros pasos que hay que seguir es controlar la temperatura del agua, mantenerla siempre muy limpia y ofrecerle diferentes tipos de comida, observando si los excrementos son anormales.

La infección ocular
Es uno de los achaques más comunes que afecta a las tortugas. Si el animal mantiene los ojos cerrados o se ven hinchados, al tiempo que nos percatamos de una falta de apetito, entonces es casi seguro que nuestro reptil sufra una infección ocular. Generalmente, esta patología encuentra su razón de ser en el agua sucia o en la falta de vitamina A. La mejor respuesta es limpiarle los ojos dos veces al día con una solución que contenga un 3% de ácido bórico y un 97% de agua destilada, o bien una mezcla de agua con sal.

Es más que problable que no acepte de buen grado este remedio y, por ello, hay que tratar de abrirle los ojos para que la solución acuosa penetre dentro, porque la limpieza no sirve de nada si no nos aseguramos de que el líquido entra en el ojo. Si se sospecha que la infección se debe a deficiencias de vitamina A, hay que incluirla en su comida.

Si en cinco días no se observa ninguna mejoría, se debe acudir inmediatamente al veterinario. Se puede dar también el caso de que la infección se deba a una bacteria. En este caso sí que es absolutamente necesario acudir a un especialista desde el primer momento, ya que es necesario el uso de antibióticos.

Problemas respiratorios
Igual que el ser humano cuando se resfría, la tortuga también está expuesta a esta clase de dolencias. Las infecciones respiratorias son patologías que afectan a cualquier especie que elijamos, y sus causas son de lo más variado.

Normalmente, se debe a cambios de temperatura ocasionados por corrientes de aire localizadas cerca del animal. A veces el origen está en una notable diferencia entre los grados del agua del acuario y los del ambiente, provocando que nuestra mascota se constipe. Esta amenaza está presente en cualquier época del año y, en el momento en que un animal es infectado, se puede convertir en un transmisor de la infección: es fundamental tomar medidas preventivas.

Los síntomas son mucosidades o líquidos que le salen de la nariz, respiración con la boca abierta, nadar inclinándose hacia un lado, falta de actividad y carencia de apetito. Para tratarlas, aumentaremos la temperatura del agua, ya que el calor refuerza el sistema inmunológico natural de la tortuga. También es conveniente mantener la habitación cerrada para evitar las corrientes.

Si la infección se encuentra ya en un estado avanzado o si vemos que después de cinco días de cuidados no se produce ninguna mejoría, habrá que acudir inmediatamente al veterinario para determinar el tratamiento adecuado para aplacar la infección, puesto que un resfriado mal curado es capaz de desencadenar una enfermedad crónica como es la pulmonía.

Transtornos estomacales
Las alteraciones que se manifiestan en el nivel intestinal responde a dos reacciones contrarias: el estreñimiento y la diarrea. El primero de estos transtornos se produce por una dieta inadecuada, pobre de sustancias o vitaminas, que disminuye considerablemente el aporte de fibra.

En muchas ocasiones, el estreñimiento hace su aparición cuando el acuario es muy pequeño y las tortugas disponen de un espacio limitado. Para remediarlo se debe remojar al reptil en un baño de agua templada durante 30 minutos, cubriendo la parte baja del caparazón. Si este remedio casero no funciona, consultaremos al veterinario inmediatamente.

Por su parte, la diarrea suele estar provocada por un exceso de fruta en la dieta, por un alimento en mal estado, por una sobre alimentación, o por el suministro exclusivo de lechuga. Ante estos casos, basta con añadir a la comida un poco de alfalfa o porporcinarle a tu mascota un alimento menos hidratado.

Igualmente, esta molestia halla su causa en la suciedad del agua del acuario, pero también se puede deber a la existencia de lombrices, lo que agravaría el cuadro con los vómitos. En este supuesto, es necesario acudir al veterinario, que te dará la mejor solución. Para prevenir esta alteración estomacal, es necesario ser muy responsable en cuanto al aseo y cuidados de nuestra tortuga. Además de tener el acuario en un buen estado de limpieza, revisaremos la fecha de caducidad del alimento para estar seguros de que la comida que suministramos a nuestro amigo está en buenas condiciones

Continuando con la exposición de las dolencias más habituales de las tortugas, debemos insistir en que estas simpáticas mascotas no requieren mucho esfuerzo para su cuidado. Sin embargo, como cualquier otro animal con el que compartamos nuestra vida, debemos preocuparnos y permanecer alerta ante cualquier modificación en su estado de salud.

Tener una tortuga en casa, ya sea de tierra o de agua, exige cierta responsabilidades por nuestra parte, además de la prestación de determinadas atenciones. No olvidaremos que este interesante animal de compañía necesita de nosotros para poder sobrevivir, por lo que es nuestra obligación proporcionarle alojamiento y alimento, entre otras cosas.

En ocasiones, nosotros somos los principales causantes de sus males porque pensamos que son juguetes, pasándolas de mano en mano entre todos los miembros de la familia. A diferencia de un perro o un gato, la tortuga no puede ladrar o maullar para manifestar su malestar. Únicamente, mete su cabeza dentro del caparazón. Este gesto debemos interpretarlo como una llamada de atención, ya que el reptil nos está pidiendo un poco de tranquilidad.

No tiene apetito
Durante el traslado de la tienda a casa, es muy frecuente que el cambio de ambiente produzca un shock en la tortuga y ésta deje de comer por unos días. Habrá que vigilarla pero, normalmente, con el tiempo comienza a alimentarse de nuevo, comenzando su nueva vida en tu compañía.

Otra de las causas por las que este reptil pierde su apetencia es un cambio brusco en su alimentación, quizá por notar la comida extraña o, incluso, porque ésta sea de calidad inferior. También es probable que deje de comer al final del periodo de hibernación, volviendo a recuperar su voracidad pasados unos días. En cualquiera de los casos descritos anteriormente no esperaremos más de tres días para trasladar nuestra consulta a un especialista.

Ansiedad y estrés
Debemos proporcionar a nuestra mascota un hábitat tranquilo, libre de estrés, para que siempre tenga su sistema inmunológico en plena operatividad. No obstante, nuestra pequeña amiga está sujeta a situaciones que desembocan en un estado de ansiedad.

Algo tan normal para nosotros, como querer jugar con ella, puede fatigarla y provocarle gran tensión, llegando incluso a presentarse un cuadro de estrés que cause fallos en su sistema inmunológico. A la hora de jugar con tu tortuga ten cuidado: aunque es un animal muy atractivo y con apariencia de reptil fuerte, no tienes que olvidar que es un ser vivo delicado.

El tamaño del substrato
Muchos de los dueños de tortugas adquieren substrato para adornar los acuarios. En este sentido, es muy común observar la existencia de grava dentro de los acuarios. Sin embargo, su tamaño es muy pequeño y tu animal de compañía puede llegar a comérsela, provocando una obstrucción en los intestinos e, incluso, la muerte.

Para evitar este problema, te recomendamos que utilices rocas de tamaño mediano. Además de ser coloridas, decorarán y embellecerán el vivero de tu galápago. Asimismo, nos aportarán lo más importante, que es la garantía de saber que nuestra pequeña mascota será incapaz de tragárselas.

Infecciones del caparazón
Tu tortuga necesitará tomar el sol porque la luz y el calor contribuirán al crecimiento apropiado del caparazón y eliminarán infestaciones tales como la putrefacción de las capas del armazón, los hongos, las infecciones respiratorias, etc. Los baños de sol facilitan la síntesis de la vitamina D3, necesaria en su organismo para fijar el calcio y evitar enfermedades metabólicas de los huesos.

La carencia de este elemento químico desemboca en la blandura del caparazón, que además mostrará manchas blancas. No basta con incluir alimentos ricos en calcio como el hueso de jibia, ya que las tortugas deben asimilarlo a través de la luz del sol. De esta forma, incrementaremos las horas de bronceado y, si en un tiempo no notamos ninguna mejoría, habrá que consultar al veterinario inmediatamente.

Hongos y parásitos
Pero las infecciones en el caparazón hallan su raíz en otras causas mucho más molestas: los hongos y los parásitos. Si tu ejemplar luce una capa blancuzca, similar al algodón, en la parte superior del caparazón, lo más probable es que se trate de una infección por hongos. Este problema se puede tratar de forma casera si los detectamos en una etapa temprana, de lo contrario el especialista será nuestro recurso. Para atacar una infección leve de hongos, hay que bañar a la mascota en agua tibia y salada durante 30 minutos. Si al cabo de una semana el aspecto del caparazón no ha vuelto a la normalidad, acudiremos al veterinario.

La muda del caparazón también puede presentar dificultades porque se suelen perder uno o más escudos simultáneamente. Estas pérdidas pueden resultar complicadas si la temperatura ambiental es inadecuada, si existen disfunciones endocrinas del tiroides, ciertas heridas o cicatrices, etc. En el momento que observemos algo anómalo, nos asesoraremos en una clínica veterinaria sobre las diferentes pautas de actuación.

Autor: Tortugamania
Fuente: http://www.tortugamania.cl/

Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización del autor
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