La Tortuga Mora: Factores que Limitan su Conservación.

A pesar de contar con variadas normativas tanto nacionales como internacionales que la protegen e indican medidas para su gestión, la especie no se encuentra fuera de peligro en cuanto a su conservación.

1.INTRODUCCIÓN. CONSIDERACIONES SOBRE LA ESPECIE.

Las Tortugas terrestres que se incluyen en la Familia Testudinidae, están representadas en todos los continentes excepto en Australia y el continente Antártico.

Casi la mitad de las especies de testudínidas actualmente existentes se distribuyen por África y la Región Mediterránea.

De estas, 6 especies pertenecen al género Testudo. Testudo graeca, es la más representativa testudínida del norte de África, pero también está presente en el Sudeste de Europa, habiendo sido introducida en tiempos ancestrales en multitud de lugares, incluyendo Grecia y Sudeste de España (Van der Kuyl et al.,2001).

Actualmente se reconocen cuatro subespecies de Testudo graeca: T.g.graeca en el Norte de África (Marruecos, Túnez y área noroccidental de Libia), sur de España y Baleares; T.g.ibera, presente en los Balcanes, Grecia, Turquía, Irán y Rusia; T.g.terrestris, presente el Libia, Israel, Egipto, y Siria; T.g.zarudnyi, encontrada en la Meseta Central de Iran y en Afganistán. Existen estudios que sugieren que las primeras tres subespecies, de las que más conocimiento se tiene, deberían ser elevadas a la categoría de especie (Gmira, 1993).

Por otro lado se hipotetiza con la posibilidad de que la T. graeca de Argelia sea una especie distinta: T. whitey, incluso se ha propuesto un nuevo género para ella (Furculachelys whitei) (Highfield y Martín, 1989).

De igual modo, estudios recientes apoyan la hipótesis de la procedencia africana de las poblaciones de T.g.graeca que se encuentran en el sudeste de la península ibérica (Murcia y Almería). Estas, al igual que la pequeña población del Parque Nacional de Doñana, tendrían su origen en las poblaciones del este de Marruecos, habiéndose encontrado diferencias genotípicas entre estas y las poblaciones halladas al oeste del río Mouloya, pudiendo estas últimas ser definidas como una nueva subespecie. También existe una pequeña población en Baleares, también fruto de introducciones en tiempos no muy remotos de la que no se conoce exactamente su procedencia.

En la región de Murcia, donde existe la mayor población europea de T. g.graeca, se ha estimado una longitud media para la especie en libertad de 106 mm (con una longitud variable entre 34-170mm) siendo las hembras mayores que los machos de la misma edad y un peso medio de 342 gr (Gimenez. et al., 2001). Aunque son animales extraordinariamente longevos (más de 60 años), es difícil encontrar en las poblaciones murcianas ejemplares de más de 30 años, motivado presumiblemente por el elevado número de extracciones que se realizaban antiguamente en nuestra región por parte de pastores, recolectores de tápena, etc.

El esqueleto tiene su base en su caparazón óseo fuertemente queratinizado y metabolicamente activo, este, tanto por su tamaño, forma y coloración ha sido ancestralmente utilizado para identificar a los diferentes testudínidos y por ende a las subespecies de T. graeca, al no existir métodos asequibles para una adecuada identificación que no supongan un elevado coste o esfuerzo. Esto como veremos más adelante, será uno de los principales factores que limitarían la conservación de esta especie.

El caparazón está formado por cerca de 50 huesos derivados de costillas, vértebras y elementos dérmicos. Este caparazón óseo está, como hemos dicho cubierto de queratina en forma de placas o escamas al igual que en el plastrón o parte inferior del caparazón.

Estas placas del caparazón o del peto, son habitualmente utilizadas para el cálculo de edad de los quelonios al igual que las longitudes de espaldar. Estos animales, que están en constante crecimiento durante toda su vida, solo tienen paradas en el desarrollo durante sus perdidas de actividad (en invierno y verano) momento en el que quedan marcados estos surcos en las placas ectodérmicas. Importante resaltar que tanto el recuento de líneas en las placas como la longitud del espaldar son factores que se ven claramente afectados por las variables climáticas y nutricionales y no equivalen de manera precisa con la edad del animal.

La piel varía en su textura y estructura dependiendo de su localización. En zonas poco expuestas es fina y abundante merced a su escasa elasticidad. En lugares más expuestos (extremidades y cabeza) está fuertemente cornificada. La coloración de esta piel, también es utilizada para la identificación de los diferentes morfotipos en T.graeca.

Aunque posiblemente alcancen la madurez sexual alrededor de los 10 años de edad, las hembras no se reproducen por vez primera antes de los 12-15 años. El dimorfismo sexual es patente a partir de estas edades no solo por su tamaño, como ya comentamos, sino por la curvatura de la placa supracaudal en los machos ausente en la hembra y cuya función es proteger al pene durante la cópula así como la cola que es ligeramente de mayor tamaño que en las hembras.

Es posible que existan variaciones morfológicas, determinadas genéticamente, de carácter adaptativo a lo largo del gradiente ambiental de la especie en el sureste de la península ibérica (Giménez, et al. 2001).

Las tortugas son animales ectotérmicos (su temperatura se ve determinantemente influenciada por la temperatura ambiental), y son heliotérmicas, lo que significan que utilizan el sol como fuente principal de energía calorífica, ya sea por exposición directa a la luz solar (insolación) como indirecta (calentamiento por convección a través del suelo).

Todos los reptiles tienen rangos de temperatura a los que su metabolismo se encuentra en estado óptimo de rendimiento, los cuales están acotadas por encima y por debajo por franjas térmicas menos adecuadas y temperaturas mucho más extremas que pueden poner en riesgo la supervivencia del mismo.

El optimo de temperatura para las tortugas de nuestra península oscila entre los 25 y los 35ºC. No obstante, Testudo g.graeca selecciona negativamente en la Región de Murcia temperaturas medias anuales cercanas a los 17ºC prefiriendo temperaturas más moderadas (15ºC). Esto determina los periodos de máxima actividad en primavera y otoño, muy presumiblemente cercanos a las respectivas épocas de lluvias, mostrando los animales menos actividad o siendo inactivos durante el verano y el invierno, donde las temperaturas se alejan de los óptimos para la especie y la disponibilidad de alimento es menor.

La pluviometría determina también la calidad del hábitat para T.g.graeca. Como ya se ha señalado, estos animales tienen una enorme capacidad para soportar elevadas temperaturas y ambientes extraordinariamente secos. De hecho el régimen pluviométrico medio anual del área de distribución de la Tortuga mora en Murcia ronda los 280mm. La especie presenta un óptimo a los 260mm de precipitación media anual (Giménez et al., 2001). La aparición de las lluvias primaverales suele ser determinante del inicio de la sesión reproductiva. Experiencias realizadas con esta especie en cautividad avalan esta hipótesis ya que para las crías es necesaria la presencia de estas lluvias que garanticen la aparición de nuevas plantas a las que estas podrían tener acceso con facilidad. La ausencia de estas lluvias puede provocar una mortalidad elevada entre los neonatos por la dificultad para conseguir alimento. Las lluvias horizontales, humedad transportada durante la noche por los vientos procedentes del mar podría suplir o complementar al régimen de precipitaciones en las poblaciones más litorales.

La presencia de puntos de agua, no es un factor limitante para la especie, ya que del estudio de la fisiología del aparato excretor (urinario) deducimos que esta especie es capaz de minimizar el gasto de la misma. El nitrógeno soluble resultante del metabolismo de las proteínas como el amoniaco y urea, requieren grandes cantidades de agua para su excreción ya que los quelonios no pueden concentrar la orina por la falta de asa de henle en su nefrona. Esta excreción, con el consumo de grandes cantidades de agua, es solo posible por tanto en especies acuáticas y semiacuáticas que disponen de este recurso natural a su alcance. Las tortugas terrestres no se pueden permitir el lujo de malgastar el agua, por lo que el nitrógeno metabólico residual es eliminado en forma insoluble (ácido úrico y sales de uratos) los cuales son excretados en forma semisólida necesitandose mucha menos agua para ello.

Además de este dispositivo de economía de los recursos hídricos, las tortugas utilizan la vejiga de la orina como reservorio de agua. Tanto la cloaca, como el colon y la vejiga de la orina, pueden llevar a cabo la reabsorción de agua.

Respecto a la fisonomía del hábitat, T.g.graeca prefiere lugares mas o menos llanos (aunque nunca grandes planicies) y montes con pendientes suaves donde el tapiz vegetal es a base de pequeños arbustos y matorral (Stipa sp., Artemisia sp., Rosmarinus sp., Thymus sp., Brachypodium sp., Helianthemun sp) donde existe una baja cobertura vegetal huyendo de las zonas forestales y de repoblación así como de cultivos de secano típicos de la comarca. No obstante no es extraño que se encuentre en áreas anexas a pequeños cultivos arbóreos de secano (almendro) de pequeña extensión y a manchas de bosque naturales. Es encontrada escasamente en las zonas de repoblación (pinos).

Todos los estudios que se han realizado con esta especie dependen enormemente de su detectabilidad, ya que son los parámetros de abundancia relativa los que corroboran la eficacia de la modelización de los hábitat potenciales para la especie. En terrenos ocupados por extensiones más o menos amplias de esparto, existen entre los diferentes investigadores opiniones sino contrapuestas ligeramente divergentes. Mientras unos afirman el rechazo de esta especie por este tipo de hábitat con una elevada densidad vegetal, otros indican que es la baja detectabilidad de la especie, es decir la dificultad para encontrar a las tortugas en estos lugares, lo que nos induce a pensar en una selección negativa por este característico ecotono del suroeste de la región.

Es muy posible que la cobertura vegetal determine la capacidad para captar el calor ambiental tanto por exposición directa como por convección, así, un aumento de la densidad vegetal evita la insolación de los animales y del suelo dando como resultado gradientes térmicos más bajos que en suelos más despoblados. Por otro lado grandes planicies con poca o nula cobertura además de ofrecer menos posibilidades de refugio tendrían gradientes térmicos demasiado elevados sobre todo en épocas estivales.

Los suelos blandos donde las tortugas pueden excavar sus encames y hacer sus puestas son preferidos, huyendo de suelos excesivamente pedregosos y margosos. Estos últimos están demasiado compactados y poco estructurados para realizar las puestas (no permiten un adecuado intercambio gaseoso e hídrico de los huevos).

Respecto al estado sanitario de la especie en su área de distribución en la región de Murcia, podemos afirmar que las poblaciones se encuentran en un estado saludable, no si presentar determinados riesgos. En un estudio realizado sobre 405 tortugas de las encontradas en campo durante el censo realizado para la especie en el año 1993 y 1994, se demostró que en general los animales se encontraban perfectamente nutridos e hidratados observándose únicamente disminuciones significativas de peso tras los periodos invernales (Eguia y Jiménez, 1994).

De todas las tortugas contactadas, 31 (7.65%) presentaban anomalías en el caparazón o plastrón (asimetrías, duplicidad de placas, etc.). 28 pertenecían a la clase de edad de 11 a 20 años y solo 3 pertenecían a la clase de edad de 2 a 10 años. Dichas anomalías se han descrito como problemas en la incubación entre los días 35-50 (elevación de temperatura por encima de lo aconsejable o bien una disminución significativa de la humedad).

Catorce ejemplares (3.45%) presentaban predación por parte de invertebrados en su caparazón y posterior colonización por patógenos oportunistas llegando incluso a presentar en algunos casos necrosis ósea.

Solo tres de los animales contactados (0.74%) presentaban signos clínicos de una afección respiratoria con producción excesiva de mucosidad que arrojaban por narinas y deglución continuada. Es importante señalar que en estos ejemplares no se observaron problemas oculares (queratitis, queratoconjuntivitis, edema corneal, etc.). Los únicos animales con síntomas respiratorios fueron detectados tras el periodo de hibernación. Estos, fueron marcados y seguidos durante los días posteriores comprobando que de la totalidad, desaparecieron dichos signos espontáneamente en un plazo no superior a 12 días.

Se inspeccionaron las tortugas en busca de parásitos en la superficie corporal, cavidad oral, recto y ojos (filarias). Solo en dos animales (0.49%) se demostró la presencia de garrapatas de la familia Ixodidae, con un número de parásitos por ejemplar no superior a 5.

En general, durante este estudio, no se observaron patologías de gravedad que puedan amenazar la supervivencia de la población (solo aparecieron durante todo el muestreo 3 cadáveres de los cuales uno había fallecido por predación y los otros dos se encontraban tan descompuestos que era imposible determinar la causa de la muerte). Por otro lado, sería interesante identificar genéticamente las poblaciones de tortugas en su área de distribución peninsular, que nos permita valorar la distancia genética entre ellas y si un elevado grado de homocigosis pudiera suponer un problema para la conservación de la especie.

2. FACTORES QUE LIMITAN LA CONSERVACIÓN DE LA ESPECIE.

La tortuga mora goza de un amplio estatus de protección tanto en el ámbito supraeuropeo, donde el Convenio sobre el Comercio Internacional de especies de la fauna y de la flora silvestres (CITES) la ubica en el anexo I donde se engloban aquellas especies cuyo comercio no está permitido. Posteriormente los Reglamentos CEE que transponen al entorno europeo dicho convenio también lo definen en el anexo A de máxima protección.

La legislación europea también la considera una especie de interés comunitario.

La normativa española la incluye en el catálogo Nacional de Especies Amenazadas como de Interés especial. El libro rojo de los vertebrados de España la cataloga como especie en peligro. Se define como vulnerable en el Catálogo de Especies Amenazadas de la Región de Murcia que emana de la Ley de la Fauna Silvestre, Caza y Pesca fluvial (Ley 7/95).

A pesar de contar con variadas normativas tanto nacionales como internacionales que la protegen e indican medidas para su gestión, la especie no se encuentra fuera de peligro en cuanto a su conservación.

Son variados los factores que pueden incidir sobre la conservación de esta especie en la península ibérica. Entre estas, podemos destacar:

a) Perdida del Hábitat.
b) Captura de tortugas silvestres.
c) Problema de las introducciones.
d) Aspectos sanitarios.

a)Perdida del hábitat.

Es con mucho, el mayor problema ante el que se encuentran las poblaciones de tortugas moras silvestres en su área de distribución peninsular. La fragmentación del hábitat, que provoca el aislamiento de las subpoblaciones y por tanto interfiere el intercambio genético entre las mismas, así como la reciente y progresiva ocupación de las áreas con gran potencialidad para la especie por diferentes actividades de importante impacto sobre el medioambiente, representan un importante riesgo para la viabilidad de las poblaciones.

Las obras de infraestructura y desarrollo urbanístico (red vial de carreteras, urbanizaciones, áreas de esparcimiento recreativo-deportivas), la instauración de nuevas superficies agrícolas tanto de secano como de regadío, las obras de adecuación del suelo y la posterior puesta en marcha de cultivos intensivos (invernaderos), desencadenan procesos que en algunos casos pueden llegar a ser irreversibles.

Ejemplos claros los tenemos en la carretera Lorca-Águilas, la cual pasó durante su construcción por una zona de relativa abundancia de tortugas. Se constató durante la construcción, que gran número de ejemplares fueron expoliados por trabajadores relacionados con dicha construcción. La roturación de terrenos con el fin de adecuarlos a instalaciones de invernaderos, la construcción de caminos para el servicio de dichas instalaciones, el empleo de plaguicidas, abonos, presencia de plásticos inservibles al final de la producción, etc., provocan profundas modificaciones en el hábitat de la especie.

En estudios recientes, se ha puesto de manifiesto que, a este ritmo de expansión de las actividades agrícolas de regadío en las zonas de mayor potencialidad para la tortuga, en el año 2.024, se va a llegar a las 23.500 ha. de regadío. Ello implicaría la pérdida de aproximadamente 2.400 ha. de hábitat optimo para la especie en la vertiente litoral de Mazarrón y Águilas. Esta pérdida de suelo para T.g.graeca supondría la total desaparición de algunas subunidades poblacionales, el aislamiento completo de otras, la desaparición de conexiones débiles entre subpoblaciones y la fragmentación de la zona litoral de la mayor población europea de tortuga mora y la única capaz de asegurar la conservación de la especie en las sierras litorales a largo plazo (Giménez et al.,2001).

b) Captura de animales silvestres.
La recogida en el campo de tortugas ha sido una actividad casi tradicional en la región de Murcia desde tiempos ancestrales. Como ya se comentó en esta exposición, los motivos por los que las tortugas silvestres llegan a manos de un particular son diversos. En los años setenta y ochenta, era habitual la venta de tortugas en mercadillos en los pueblos de la comarca, e incluso he sido testigo personalmente de su venta en una céntrica calle del casco antiguo de la capital Murciana en mi infancia. De esta forma se fue labrando la creencia de que la tortuga mora era un buen animal de compañía que comía poco, ocupaba poco espacio y era muy atractivo para los niños por su extraña apariencia, su nula peligrosidad y ante todo su gran resistencia.

Era raro no encontrar una o varias tortugas en las casas de campo o huerta de las zonas más inmediatas a su área de distribución. Esta probabilidad disminuía conforme nos alejábamos de la misma, aunque, los recoveros (vendedores de animales vivos) que acudían a los mercados las podían trasladar a cientos de kilómetros de su población de origen.

Los recolectores de tápena (alcaparras), esparto, agricultores, cazadores y pastores, eran los principales sustractores de estos animales. Algunos, como los pastores y recolectores, obtenían un complemento a su devastada economía en unos tiempos bastante difíciles. De forma curiosa, estas extracciones más o menos masivas han dejado su huella en las poblaciones actuales, siendo difícil encontrar ejemplares de edades anteriores a esta época en algunas zonas.

Actualmente la situación ha cambiado. No podemos negar que aún en algunas zonas se recolectan para traficar ilegalmente con ellas, aunque lo más seguro es que esta práctica no esté muy extendida. Es más común que alguien encuentre una tortuga en el campo y piense que es un buen animalito para llevar a su nieto, a su hijo o incluso que quedaría muy bien en el jardín de casa o en el balcón junto a las macetas. El cazador, senderista, ciclista, pastor, etc., que se tropieza con ella, la mayoría de las veces piensa que puede ser un buen recuerdo de aquel día, pero también existe la posibilidad de que piensen ¿qué hace este bicho aquí? Y lo recojan sin más interés que entregarlo a un Centro de Recuperación o grupo ecologista para que cuiden de él.

Es bastante posible que la falta de información que el público en general y los habitantes de los municipios donde existen en libertad tienen sobre la especie y su estatus en el entorno europeo así como el desconocimiento de lo amenazadas que se encuentran sus poblaciones, sean la causa de que existan decenas de miles de tortugas moras en cautividad en este momento. Algunas personas incluso piensan que criarlas en casa para luego liberar las crías es una adecuada medida de gestión para la conservación de la especie. Nada más lejos de la realidad.

c) El problema de las reintroducciones.

Se ha hablado mucho sobre cual sería la mejor actuación que podemos llevar a cabo para intentar ayudar a salvar esta especie en peligro. La ausencia de trabajos científicos profundos sobre la tortuga mora durante mucho tiempo, ha motivado que “cada cual campe a sus anchas”. Son numerosas las actuaciones que con más o menos criterio se han llevado a cabo para su conservación, todas ellas con inmejorables intenciones, pero sin pararse a pensar sobre la peligrosidad que podrían suponer para las poblaciones silvestres.

Campañas de concienciación desarrolladas por grupos ecologistas, a veces con no suficiente respaldo por parte de las diferentes administraciones, un aumento de la conciencia medioambiental por parte de la población y las actuaciones de los agentes dependientes de la administración ambiental y de los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, dieron como resultado un importante stock de animales procedentes de cautividad a los cuales buscar un destino digno.

Todas estas tortugas, sumadas a las crías nacidas de ellas, representan un grave problema para la gestión de la especie. Debe ser la administración medioambiental competente, la que asuma la responsabilidad de la gestión convirtiéndose en única coordinadora de dichos trabajos, obviamente sin dejar de contar con el grupo de colectivos que en este momento llevan a cabo acciones relacionadas con la especie..

Liberaciones dentro y fuera del área de distribución se han sucedido a lo largo del tiempo con el fin de reforzar las poblaciones existentes. Los criterios para dichas reintroducciones no han sido los mismos para todos los grupos de trabajo que las han llevado a cabo. Ayuntamientos, asociaciones o colectivos dedicados a la conservación de la naturaleza, la propia administración, e incluso particulares han devuelto a la naturaleza animales con criterios de selección muy diferentes.

Así, se han llevado a cabo liberaciones de animales que no han sido sometidos a una protocolo adecuado que pueda garantizar ni siquiera que se tratasen de tortugas moras, habiéndose puesto en el campo incluso animales de especies alóctonas, otras subespecies de T.graeca, animales posiblemente enfermos, que han vivido toda la vida en cautividad, etc.

Tampoco se ha tenido en cuenta si el lugar de suelta era el más adecuado o si necesitaba de dicho reforzamiento. Obviamente no podemos decir esto de todas las liberaciones realizadas, pero tenemos que hacernos varias preguntas importantes ¿necesita la tortuga mora de estas liberaciones?, ¿Estamos seguros de que es lo que estamos soltando tanto desde el punto de vista genético como sanitario?, ¿pueden suponer estas liberaciones un riesgo para la población actual?.

Como he comentado en esta exposición, la caracterización genética de la tortuga mora en España es algo que de momento no está resuelto. Si a esto le sumamos la existencia de subespecies procedentes de otros países que pueden encontrarse en colecciones privadas y pueden pasar a engrosar en un momento determinado el stock de tortugas que alguien pretende liberar, si además tenemos en cuenta la posibilidad de reproducción entre animales de diferentes subespecies e incluso de diferentes especies (T.graeca con T.hermanni o T.marginata), podemos conseguir la muerte genética de la especie, a mayor o menor plazo, sobre todo si los animales son integrados en las pequeñas subunidades poblacionales existentes en las zonas más marginales del área de distribución.

Por otro lado, nos podíamos encontrar con la posibilidad de que, tortugas liberadas fuera de este área pero dentro de un área potencial puedan desplazarse lo suficiente hasta contactar con una población silvestre que no necesite de este reforzamiento poblacional o que este sea contraproducente (existen datos que avalan la teoría que las tortugas cuando son liberadas tras pasar mucho tiempo en cautividad pueden llevar a cabo desplazamientos que en ocasiones superan los 10 Km) (González Barberá, com.pers.), o que se liberen animales en lugares donde se consideraba extinta la especie, y que a posteriori se demuestre la presencia de una relíctica subpoblación, que aunque prácticamente extinta o con todas las posibilidades de serlo, todavía mantenga algunos ejemplares silvestres y que mediante adecuados programas de gestión del hábitat o protección del mismo pueda ser recuperada en un futuro.

Es importante señalar, que ningún programa de reintroducción tendrá éxito si las causas que provocaron el declive poblacional aún se mantienen, y es por ahí por donde debemos comenzar a trabajar.

e) Aspectos sanitarios.

Cuando se ha participado en un programa de captación de tortugas de poblaciones cautivas privadas, uno se da cuenta de lo arriesgado de manejar una especie sin establecer un programa sanitario adecuado. No es necesario recordar que la traslocación de ejemplares, la reintroducción a partir de poblaciones cautivas, y cualquier manejo que se realice con ejemplares de una especie en peligro tiene que ser, desde el punto de vista sanitario, impecable.

A la vista de las investigaciones de campo realizadas sobre la especie que nos ocupa, podemos afirmar desde un punto de vista general, que la población silvestre es una población saludable. Por otro lado, la tortuga mora tiene una distribución en la región de Murcia que ocupa 1487 Km2 y aunque 14 de las diecisiete subpoblaciones (80% ) se encuentran aisladas entre sí o débilmente conectadas el riesgo de que una patología contagiosa pueda poner en peligro a la especie, es importante. ¿Qué puede poner en riesgo la salud de la población?.

Se han descrito multitud de patologías con elevada contagiosidad en los quelonios terrestres, (Micoplasmosis, herpesvirosis, etc.) que aunque no son frecuentes en animales de vida libre, podrían llegar a ser un problema si se introdujeran en una población de tortuga mora en libertad. Estas enfermedades han demostrado tener una gran contagiosidad y desencadenan una elevada mortalidad en poblaciones cautivas de tortugas terrestres.

Las introducciones accidentales de animales enfermos o portadores de estas enfermedades, podría tener efectos devastadores en las poblaciones de tortuga mora, máxime si tenemos en cuenta que ya existen antecedentes como el acaecido en la década de los 90 en el suroeste de los Estados Unidos de América con Gopherus agassizii.

Es por tanto necesario extremar la vigilancia sobre todos los proyectos que incluyan la reintroducción de ejemplares cautivos al medio natural, e impedir estos programas mientras existan dudas sobre la posibilidad de poder realizar un diagnóstico con las suficientes garantías para determinar, ¿que animales se encuentran afectados por este tipo de enfermedades? o incluso lo que es aún más difícil de determinar, ¿cual de ellos es portador de alguna de estas?.

Esto no quiere decir que los estudios sobre el estado sanitario de la tortuga mora, no puedan llevarse a cabo, aunque lo que es evidente es que, ya sea por el costo que supone realizarlos, por lo experimental de las técnicas puestas a punto actualmente o por la descoordinación entre la administración ambiental competente en la materia y el resto de colectivos que trabajan con la tortuga mora, no se aplica actualmente un adecuado protocolo sanitario preventivo, a los animales que son liberados.
3. CONCLUSIONES.

Sin ánimo de extenderme más sobre el tema, podemos afirmar que, es prioritaria la conservación de la Tortuga Mora presente en la Península Ibérica por representar la única población europea viable de esta subespecie en la actualidad.

Dicha conservación pasa inevitablemente por la conservación y la protección de su hábitat controlando todas las actividades y cambios de uso del suelo que se realicen en el mismo, así como de las posibles áreas con potencial suficiente para albergar a la especie, exigiendo y estudiando con detenimiento los preceptivos estudios de impacto ambiental que la Ley 1/95 de Medio Ambiente de la Región de Murcia prevé para ciertas actividades con importante impacto sobre el territorio, el paisaje y las especies animales y vegetales que sustenta.

La creación de mayor cantidad de suelo protegido en el área de distribución, en la actualidad insuficiente para dar cobertura a la totalidad del área de distribución.

La puesta en marcha de proyectos de investigación que profundicen en los diferentes aspectos relacionados con la especie en el campo de la ecología, la genética y la sanidad.

Promover programas de educación ambiental y sensibilización en los que la población conozca la especie en cuestión, la importancia de su conservación y la importancia que tiene su región en el panorama mundial de cara a los proyectos de conservación de la biodiversidad. La frase “del conocimiento nace el amor y el respeto hacia los animales” está vigente en todos los programas de conservación de la biodiversidad que existen a nivel mundial. Se debe de inculcar en la población, que la tortuga mora es un animal silvestre y no de compañía y que necesita de todos sus efectivos para su supervivencia. También se ha de hacer hincapié en que la devolución de animales a la naturaleza, de ser necesaria, se debe realizar siempre en el marco de un plan de recuperación para la especie y bajo la supervisión de un comité científico validado por la administración.

Incentivar la creación de reservas para las tortugas en aquellos territorios donde su protección administrativa sea insuficiente o problemática, incentivando así mismo los usos tradicionales del suelo y otras actividades que sean compatibles con la protección de la especie.

El patrimonio natural es el legado más importante que podemos dejar a nuestros descendientes. Es obligación de todos mantener y si es posible mejorar el patrimonio natural que hemos heredado.

Fuente/Autor: Pedro J. Jiménez Montalbán. Murcia, pedrotere@colvet.es

Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización del autor
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