| Hay unos pocos hoteles en el mundo
que por sí mismos son de hecho un destino turístico.
Unos lugares ideales, con personalidad propia, perfectos para
unas vacaciones, o para perderse del mundo durante unos días.
Son un territorio mágico en donde el viajero puede entrar
y salir, para adaptar su tiempo en una mezcla de sueño
y soledad, esta vez elegida y necesaria para disfrutar aún
más del entorno que le rodea.
Uno de esos hoteles especiales, de profunda personalidad, es el
Gran Meliá Salinas de Lanzarote. Un lugar que parece hecho
con materiales de sueños, mitad hotel y mitad museo, que
ha merecido la designación de patrimonio artístico
y cultural de la isla lanzaroteña.
El Salinas –como le gusta ser llamado- cumple estos días
25 años. Un tiempo maravillosamente aprovechado, que le
ha permitido colocarse en esa lista selecta de miembros de The
Leading Hotels of the World, gracias a la exclusividad, el lujo
y el servicio que reparte por igual en un auténtico mundo
de sensaciones.
Pero hay que ir por partes en este hotel. Poco a poco, para
no perderse nada de lo mucho que ofrece. Porque el Salinas es
un hotel exquisito, vestido por la mágica luz de Lanzarote,
arropado de azules y verdes, de blancos y negros. Es, como el
entorno de la isla que le rodea, agua y fuego. Resumen y esencia
de la belleza que ofrece este paraíso volcánico
canario, y que se concentra aquí, en el Salinas, desbordando
sensaciones.
Su personalidad arranca desde el propio hall, presidido por
los blanquísimos murales del desaparecido artista César
Manrique, el Océano, y de sus cuadrados restallando toda
la fuerza de la isla. Y es en este momento, cuando el viajero
tiene la sensación de haber penetrado en un mundo de ensueño,
porque justo en la entrada, la lujuriosa fronda de un jardín
espectacular, también diseñado por Manrique, combina
las especies más variadas de plantas y árboles con
una melodía cristalina, apoyada, surgida, atrapada en unas
fuentes en cascada que dan la bienvenida al visitante de este
oasis de paz. Un sonido, el del agua, que le va a acompañar
en toda su estancia, aquí y allá, precisamente en
un lugar donde el agua es el mayor tesoro del mundo. Como también
lo harán el blanco y el negro, el verde y el azul, unos
colores unidos en el tiempo, en todos los rincones de este hotel
donde todo es tan natural, que parece hecho al azar. Como la espectacular
piscina, diseñada también por César Manrique,
y que constituye una sinfonía de colores básicos,
que parte del blanco y el negro tan característico de la
isla, y que completa con un derroche de materiales volcánicos
que dan aún más fuerza a tanta belleza repartida
a la vera del océano.
Y si los jardines son un hechizo, una selecta decoración
reparte obras de arte de numerosos artistas contemporáneos
por doquier, llevándolas incluso a las cartas de sus restaurantes.
César Manrique, Pepe Dámaso o Pepe Curbelo, ofrecen
su esencia desde las paredes de los restaurantes, de los espacios
libres, y que contribuyen a disfrutar de este mundo hecho con
materiales de sueños.
El Gran Meliá Salinas cuenta con unas 300 habitaciones
repartidas de modo escalonado en un edificio singular, obra del
arquitecto Fernando Higueras, que parece descender suavemente
hacia la piscina y el mar. En esas habitaciones se ha esmerado
la decoración y los materiales nobles, para ofrecer un
ambiente acogedoramente lujoso, cómodo y atractivo. El
hotel ofrece también una variadísima, refinada y
selecta gastronomía en sus cinco restaurantes, capaz también
de cautivar, esta vez, el paladar más selecto.
Pero el Salinas esconde otro tesoro aún más atractivo.
Desde el año 1998 cuenta con The Garden Villas, un conjunto
de 10 edificaciones (villas) distribuidas a lo largo de otro exquisito
jardín tropical, donde el lujo y la magia se entremezclan
por igual.
Únicas en Europa, las villas del Salinas, al igual que
sus hermanas del Meliá Bali, ofrecen el encanto oriental
para el viajero que persigue la más sagrada intimidad.
En ellas, el lujo se respira en cada detalle, y los hay por doquier.
Desde las fuentes que saludan a la entrada de cada villa, hasta
el salón dormitorio en tonos blancos y beige, donde destaca
una gran cama con dosel, o el inmenso baño con mármoles
de diversas tonalidades. Desde el vestidor, a la ducha exterior,
realizada en piedra volcánica. En cada villa todo está
pensado para que el viajero disfrute de cada momento de su estancia
en ellas. De su cuidadísima jardín y su coqueta
piscina interior; de una pérgola-cenador con vistas al
mar; de una cama balinesa en el exterior, donde relajarse y escuchar
el silencio, roto tan solo por la brisa del viento, la risa de
las fuentes o el rumor del mar. Todo en estas villas es relajante,
exquisito, silencioso, privado, íntimo...
Completa sus instalaciones con una gran piscina general, rodeada
también de un bellísimo jardín. En ambos
ambientes reina también la tranquilidad y la privacidad
de este conjunto creado por el arquitecto Álvaro Sans para
una clientela muy selecta que busca la intimidad y el mejor servicio
posible y en donde el lujo es precisamente el espacio, el silencio,
la sosegada y cuidada intimidad... Y es aquí, en las villas,
donde se encuentra la materia prima para convertir en realidad
quien tenga un sueño muy especial, y buena prueba de ello
es echar un vistazo al libro de visitas que hay en cada villa
para que los huéspedes dejen las impresiones de su estancia.
Es, sin duda, uno de los mejores reclamos de este lugar singular,
hecho con materiales de sueños. De sueños propios
y ajenos reunidos en este auténtico edén.
El hotel dispone además de un gran y variada oferta de
ocio, un servicio de habitaciones de 24 horas y la posibilidad
de tener muy cerca todas las maravillas que encierra esta isla
de Lanzarote, declarada por la UNESCO reserva mundial de la Biosfera.
Destacan, como lugares de especial atractivo, los Jameos del agua,
La Cueva De los Verdes, El Mirador Del Rio, y el espectacular
Parque Nacional de Timanfaya y sus Montañas de Fuego, un
patrimonio natural muy cercano a este hotel tan singular y único
en España y en toda Europa
Fuente/Autor: María
Dolores Martínez Jiménez. Murcia.
mariadoloresmg@terra.es
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