Melia Salinas. Lanzarote. Islas Canarias.


María Dolores Martínez Jiménez. MURCIA. ESPAÑA.

 

Hay unos pocos hoteles en el mundo que por sí mismos son de hecho un destino turístico. Unos lugares ideales, con personalidad propia, perfectos para unas vacaciones, o para perderse del mundo durante unos días. Son un territorio mágico en donde el viajero puede entrar y salir, para adaptar su tiempo en una mezcla de sueño y soledad, esta vez elegida y necesaria para disfrutar aún más del entorno que le rodea.
Uno de esos hoteles especiales, de profunda personalidad, es el Gran Meliá Salinas de Lanzarote. Un lugar que parece hecho con materiales de sueños, mitad hotel y mitad museo, que ha merecido la designación de patrimonio artístico y cultural de la isla lanzaroteña.

El Salinas –como le gusta ser llamado- cumple estos días 25 años. Un tiempo maravillosamente aprovechado, que le ha permitido colocarse en esa lista selecta de miembros de The Leading Hotels of the World, gracias a la exclusividad, el lujo y el servicio que reparte por igual en un auténtico mundo de sensaciones.

Pero hay que ir por partes en este hotel. Poco a poco, para no perderse nada de lo mucho que ofrece. Porque el Salinas es un hotel exquisito, vestido por la mágica luz de Lanzarote, arropado de azules y verdes, de blancos y negros. Es, como el entorno de la isla que le rodea, agua y fuego. Resumen y esencia de la belleza que ofrece este paraíso volcánico canario, y que se concentra aquí, en el Salinas, desbordando sensaciones.

Su personalidad arranca desde el propio hall, presidido por los blanquísimos murales del desaparecido artista César Manrique, el Océano, y de sus cuadrados restallando toda la fuerza de la isla. Y es en este momento, cuando el viajero tiene la sensación de haber penetrado en un mundo de ensueño, porque justo en la entrada, la lujuriosa fronda de un jardín espectacular, también diseñado por Manrique, combina las especies más variadas de plantas y árboles con una melodía cristalina, apoyada, surgida, atrapada en unas fuentes en cascada que dan la bienvenida al visitante de este oasis de paz. Un sonido, el del agua, que le va a acompañar en toda su estancia, aquí y allá, precisamente en un lugar donde el agua es el mayor tesoro del mundo. Como también lo harán el blanco y el negro, el verde y el azul, unos colores unidos en el tiempo, en todos los rincones de este hotel donde todo es tan natural, que parece hecho al azar. Como la espectacular piscina, diseñada también por César Manrique, y que constituye una sinfonía de colores básicos, que parte del blanco y el negro tan característico de la isla, y que completa con un derroche de materiales volcánicos que dan aún más fuerza a tanta belleza repartida a la vera del océano.

Y si los jardines son un hechizo, una selecta decoración reparte obras de arte de numerosos artistas contemporáneos por doquier, llevándolas incluso a las cartas de sus restaurantes. César Manrique, Pepe Dámaso o Pepe Curbelo, ofrecen su esencia desde las paredes de los restaurantes, de los espacios libres, y que contribuyen a disfrutar de este mundo hecho con materiales de sueños.

El Gran Meliá Salinas cuenta con unas 300 habitaciones repartidas de modo escalonado en un edificio singular, obra del arquitecto Fernando Higueras, que parece descender suavemente hacia la piscina y el mar. En esas habitaciones se ha esmerado la decoración y los materiales nobles, para ofrecer un ambiente acogedoramente lujoso, cómodo y atractivo. El hotel ofrece también una variadísima, refinada y selecta gastronomía en sus cinco restaurantes, capaz también de cautivar, esta vez, el paladar más selecto.

Pero el Salinas esconde otro tesoro aún más atractivo. Desde el año 1998 cuenta con The Garden Villas, un conjunto de 10 edificaciones (villas) distribuidas a lo largo de otro exquisito jardín tropical, donde el lujo y la magia se entremezclan por igual.
Únicas en Europa, las villas del Salinas, al igual que sus hermanas del Meliá Bali, ofrecen el encanto oriental para el viajero que persigue la más sagrada intimidad. En ellas, el lujo se respira en cada detalle, y los hay por doquier. Desde las fuentes que saludan a la entrada de cada villa, hasta el salón dormitorio en tonos blancos y beige, donde destaca una gran cama con dosel, o el inmenso baño con mármoles de diversas tonalidades. Desde el vestidor, a la ducha exterior, realizada en piedra volcánica. En cada villa todo está pensado para que el viajero disfrute de cada momento de su estancia en ellas. De su cuidadísima jardín y su coqueta piscina interior; de una pérgola-cenador con vistas al mar; de una cama balinesa en el exterior, donde relajarse y escuchar el silencio, roto tan solo por la brisa del viento, la risa de las fuentes o el rumor del mar. Todo en estas villas es relajante, exquisito, silencioso, privado, íntimo...

Completa sus instalaciones con una gran piscina general, rodeada también de un bellísimo jardín. En ambos ambientes reina también la tranquilidad y la privacidad de este conjunto creado por el arquitecto Álvaro Sans para una clientela muy selecta que busca la intimidad y el mejor servicio posible y en donde el lujo es precisamente el espacio, el silencio, la sosegada y cuidada intimidad... Y es aquí, en las villas, donde se encuentra la materia prima para convertir en realidad quien tenga un sueño muy especial, y buena prueba de ello es echar un vistazo al libro de visitas que hay en cada villa para que los huéspedes dejen las impresiones de su estancia. Es, sin duda, uno de los mejores reclamos de este lugar singular, hecho con materiales de sueños. De sueños propios y ajenos reunidos en este auténtico edén.

El hotel dispone además de un gran y variada oferta de ocio, un servicio de habitaciones de 24 horas y la posibilidad de tener muy cerca todas las maravillas que encierra esta isla de Lanzarote, declarada por la UNESCO reserva mundial de la Biosfera. Destacan, como lugares de especial atractivo, los Jameos del agua, La Cueva De los Verdes, El Mirador Del Rio, y el espectacular Parque Nacional de Timanfaya y sus Montañas de Fuego, un patrimonio natural muy cercano a este hotel tan singular y único en España y en toda Europa

Fuente/Autor: María Dolores Martínez Jiménez. Murcia.
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